Venezuela reaparece con fuerza en el radar de las refinerías complejas gracias al Merey 16, su crudo pesado de referencia. En 2026, las exportaciones venezolanas han superado la barrera simbólica de 1 millón de barriles diarios, un nivel que reactiva flujos comerciales y renegocia márgenes en un mercado global saturado de crudo ligero.
El Merey 16, con una gravedad API de 15–16° y alrededor de 2,5% de azufre, es el arquetipo de crudo “pesado y agrio” que solo pueden procesar refinerías equipadas con unidades de coquización e hidrotratamiento. Esa configuración técnica explica por qué sus principales compradores se concentran en la Costa del Golfo de Estados Unidos, India y China, donde la infraestructura está diseñada para maximizar el valor de este tipo de cargas.
La recuperación no es solo volumétrica. En un contexto de precios moderados —con Brent rondando los 59–60 dólares por barril—, el Merey 16 cotiza con descuentos de entre 13 y 22 dólares respecto a la referencia internacional, lo que mejora los márgenes de refinación (crack spreads) para operadores complejos. En enero de 2026, el crudo venezolano se ofreció a refinerías de la Costa del Golfo de EE. UU. a aproximadamente 6 dólares por barril bajo Brent, según reportes de The New York Times, un spread que lo hacía competitivo o superior a alternativas pesadas canadienses para ciertas configuraciones.
Sin embargo, no todas las refinerías pueden participar. Procesar Merey 16 de forma rentable requiere unidades específicas que no están universalmente disponibles: unidades de coquización (coker), que convierten las fracciones residuales más pesadas en productos más ligeros y valiosos como gasolina y diésel; unidades de hidrocracking, que usan hidrógeno a alta presión para mejorar destilados medios y rendimientos; y capacidad de hidrodesulfuración, para eliminar compuestos de azufre que de otro modo violarían especificaciones de calidad de productos. Las refinerías con esta configuración, concentradas en la Costa del Golfo de EE. UU., partes de Europa y grandes hubs asiáticos en India y China, pueden desbloquear márgenes del Merey 16 estructuralmente inaccesibles para instalaciones más simples que procesan crudos ligeros.
Detrás de los números hay un cambio de política energética. La reforma parcial de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, aprobada en enero de 2026, modificó el régimen fiscal y contractual para atraer capital privado y acelerar proyectos brownfield en la Faja del Orinoco. Ese marco, aunque aún sujeto a incertidumbres regulatorias y logísticas, ha permitido estabilizar operaciones clave y mejorar la disponibilidad de diluyentes, uno de los cuellos de botella históricos del Merey. Además, desde mayo de 2026, refinerías como Phillips 66 y Reliance Industries han comprado cargamentos directamente a PDVSA, eliminando intermediarios y capturando márgenes que antes se diluían en la cadena comercial.
Sin embargo, el “regreso” tiene límites. La producción venezolana sigue muy por debajo de su potencial, con estimados que proyectan un crecimiento de alrededor de 17% entre finales de 2025 y 2028, impulsado por operadores internacionales como Chevron y Exxon. Además, la infraestructura de exportación —terminal de José, oleoductos, sistemas de medición— requiere inversiones sostenidas para evitar interrupciones que podrían descarrilar la recuperación.
En el plano geopolítico, la normalización parcial de relaciones con Estados Unidos bajo la administración Trump ha abierto espacio para licencias específicas y flujos comerciales más predecibles, aunque las sanciones selectivas y los riesgos operativos (ciberataques, bloqueos logísticos) siguen presentes. Para las refinerías, la ecuación es clara: mientras el descuento del Merey compense los costos de procesamiento y los riesgos país, el crudo venezolano seguirá siendo un activo estratégico en sus slates de carga.
El mensaje para el mercado es doble. Por un lado, Venezuela vuelve a ser relevante como proveedor de crudo pesado en un mundo con exceso de oferta. Por otro, su consolidación depende de mantener reformas creíbles, atraer inversión tecnológica y resolver cuellos de botella operativos. De lo contrario, el “comeback” del Merey 16 podría quedarse en un rebote coyuntural y no en una tendencia estructural.
Fuentes Principales:
– Discovery Alert: “Venezuela’s Merey 16 Oil Comeback: What’s Driving 2026 Recovery”
– Rystad Energy: “Venezuela’s upstream revival: Turning policy momentum into production growth” —
– Shale24: “Merey 16: Technical profile, history, market and challenges.