DUBAI/WASHINGTON, 18 de Junio— La reapertura del estrecho de Ormuz, anunciada tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, ha devuelto cierta calma a los mercados petroleros, pero no ha despejado todas las dudas sobre el futuro de una de las rutas marítimas más sensibles del mundo. A la expectativa por la normalización del tránsito se suma ahora otra incógnita: si Irán buscará cobrar “tasas por servicios” a los buques que crucen el corredor, una fórmula que podría acercarse a un peaje de facto.
El anuncio del cese de hostilidades y la reapertura del paso redujeron la presión sobre los precios del crudo, que habían caído con fuerza tras conocerse el avance diplomático. El Brent llegó a descender más de 4% y se ubicó cerca de los 83 dólares por barril, mientras el WTI también retrocedió con fuerza. La reacción del mercado confirmó hasta qué punto el estrecho es un punto de tensión para la oferta mundial de energía.
Un corredor estratégico para el petróleo
El estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el mar Arábigo y concentra una porción decisiva del comercio energético global. La EIA estima que por esa vía circularon en 2024 unos 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca de 20% de los líquidos de petróleo del mundo. Britannica eleva esa proporción a alrededor de 25% del comercio marítimo global de crudo y productos petroleros.
Por ello, cualquier interrupción o encarecimiento del tránsito tiene impacto inmediato sobre los precios, los fletes y las cadenas de suministro, especialmente en Asia, la región más dependiente de este corredor. La normalización del paso es vista como una señal de alivio para importadores, refinadores y operadores navieros.
La discusión por los cobros
La novedad más sensible tras la reapertura es la discusión sobre posibles cobros a los buques. Según Bloomberg Línea, Irán estudia mecanismos para facturar “servicios” relacionados con el tránsito, una distinción legal importante frente a un peaje directo, que sería incompatible con el derecho internacional en determinadas circunstancias. Reuters y otras coberturas recientes también apuntan a que Teherán busca conservar influencia sobre la vía marítima aun en un escenario de distensión.
De confirmarse ese esquema, el cambio no solo tendría implicaciones jurídicas, sino también comerciales. Un cobro recurrente, aunque se presente como tarifa por servicios, podría elevar los costos logísticos del transporte petrolero y re-introducir incertidumbre en una ruta que el mercado necesita estable.
Lo que viene para el mercado energético
El acuerdo entre Washington y Teherán reduce el riesgo inmediato de una crisis energética mayor, pero no resuelve el trasfondo geopolítico ni la disputa sobre el programa nuclear iraní. Las conversaciones técnicas y la firma formal del memorando serán decisivas para medir si la reapertura es sostenible o si se trata solo de una pausa táctica.
En el corto plazo, el mercado lee la noticia como bajista para el petróleo. En el mediano plazo, sin embargo, la estabilidad del estrecho dependerá de si la reapertura viene acompañada de garantías claras, seguridad naval y reglas transparentes para el tránsito de buques.
Fuentes de información: Reuters, Bloomberg Línea.