La guerra en Oriente Medio ha detonado lo que la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) califica como la mayor interrupción de suministro petrolero jamás vista en el mercado mundial, cambiando drásticamente el balance previsto para 2026. En su informe mensual de marzo, el organismo con sede en París advierte que el cierre del Estrecho de Ormuz y la escalada del conflicto han forzado recortes de producción sin precedentes entre los principales exportadores del Golfo. La magnitud del shock ha llevado a los países consumidores avanzados, coordinados por la IEA, a aprobar una liberación histórica de crudo de sus reservas de emergencia para contener la escalada de precios y sostener la oferta.
Según la IEA, el suministro global de petróleo caerá en torno a 8 millones de barriles diarios en marzo, equivalente a casi 8% de la demanda mundial, debido principalmente al bloqueo del Estrecho de Ormuz desde finales de febrero. Antes del conflicto, por ese corredor pasaban entre 15 y 20 millones de barriles diarios de crudo y productos refinados, una arteria clave para los envíos desde Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos hacia los mercados de Asia y Occidente. La IEA subraya que los flujos actuales por Ormuz se han reducido a “una fracción” de los volúmenes previos a la crisis, lo que ha obligado a los productores a frenar bombeo ante la saturación de inventarios en tierra.
En este contexto, los países del Golfo han recortado al menos 10 millones de barriles diarios de producción, volumen cercano al 10% de la demanda global, según las estimaciones del reporte. La agencia advierte que, si no se restablecen con rapidez los flujos marítimos, estas pérdidas podrían aumentar en las próximas semanas, complicando aún más la seguridad energética mundial. La IEA también señala que la complejidad de algunos yacimientos y las condiciones de seguridad en la región implican que parte de esta producción “apagada” podría tardar semanas o incluso meses en volver a niveles previos a la crisis.
Para amortiguar el impacto, los países miembros de la IEA acordaron liberar un volumen récord de 400 millones de barriles desde las reservas estratégicas que administran de forma coordinada. El director ejecutivo de la agencia, Fatih Birol, afirmó en una intervención pública que esta decisión ya ha tenido un “fuerte impacto” en los mercados, al enviar una señal de respaldo a la oferta en un momento “extremadamente crítico”. Aunque la IEA no ha detallado aún el ritmo diario de inyección de estos barriles al mercado, el mensaje es que los consumidores están dispuestos a utilizar de forma agresiva su escudo de emergencia para evitar una crisis de precios más profunda.
En paralelo, el informe de marzo refleja un cambio relevante en las proyecciones de balance para 2026. Antes de la escalada bélica, la IEA anticipaba un amplio superávit de oferta en el primer trimestre, mientras que ahora proyecta que, en el conjunto del año, la producción seguirá superando a la demanda, pero con un colchón mucho más estrecho de unos 2,46 millones de barriles diarios, frente a los 3,73 millones calculados el mes previo. El organismo prevé que la oferta global solo crecerá alrededor de 1,1 millones de barriles diarios en 2026, impulsada en parte por productores no OPEP+, mientras que varias revisiones a la baja en el consumo reflejan cancelaciones masivas de vuelos y tensiones macroeconómicas.
La IEA destaca, no obstante, algunas válvulas de alivio potenciales. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos están acelerando el uso de rutas alternativas que evitan Ormuz, lo que podría permitir una recuperación parcial de la oferta entre abril y junio si las condiciones de seguridad lo permiten. Además, el organismo prevé que la caída de movilidad y actividad asociada a la guerra reducirá la demanda en alrededor de 1 millón de barriles diarios en marzo y abril, lo que matiza el déficit inmediato en el mercado físico.
Aun con estos amortiguadores, la IEA insiste en que el sistema energético mundial entra en una fase de vulnerabilidad extraordinaria, marcada por la concentración del shock en una ruta marítima crítica y por el riesgo de que los daños geopolíticos al tejido productivo se prolonguen. El desenlace del conflicto y la rapidez con que puedan restablecerse los flujos a través del Estrecho de Ormuz serán, según la agencia, los factores decisivos para determinar si este episodio queda como una disrupción severa pero transitoria o se convierte en un punto de inflexión estructural para el mercado petrolero global.