América Latina vive un momento paradójico en su transición energética. Mientras las energías renovables representan el 68% de la nueva capacidad instalada en 2025 y generan ya el 67% de la electricidad regional, una porción significativa se pierde por congestión en las redes de transmisión.
En Brasil, el curtailment afectó el 10% de la producción eólica y el 17% de la solar en 2024, traduciéndose en pérdidas anuales de US$873 millones, según datos del artículo de Bloomberg Línea. Chile, por su parte, registró 6.205 GWh vertidos en 2025, un incremento del 7,8% respecto al año anterior, pese a los avances en almacenamiento. Pablo Varela, director de Aggreko para América Latina, advierte que este desperdicio frena inversiones clave y pone en riesgo las metas de descarbonización para 2030.
El boom renovable es innegable. La región añadió 12 GW de capacidad limpia en 2025, con eólica y solar acaparando el 61% de ese crecimiento y un aumento del 19% en generación eléctrica, de acuerdo con el Panorama Energético de la OLADE.
Proyecciones de IRENA y analistas locales estiman otros 12 GW para 2026, liderados por Chile, Brasil y México, impulsados por subastas agresivas y demanda de industrias como minería y data centers. Sin embargo, la brecha entre generación y evacuación persiste. En Brasil, tasas de curtailment alcanzaron el 20% en picos de 2025, generando perjuicios bilionarios para generadores privados. En Chile, las baterías BESS evitaron 2 TWh adicionales de desperdicio, reduciendo el impacto en un 24%, pero la saturación de líneas norteñas sigue siendo un cuello de botella.
Este fenómeno no es exclusivo de estos países. Colombia y Perú reportan vertimientos crecientes, mientras Argentina enfrenta retrasos en interconexiones que podrían exportar excedentes renovables al Cono Sur. La matriz energética latinoamericana, la más limpia del mundo con un 67% de fuentes renovables (hidroeléctricas incluidas), contrasta con la incapacidad de las redes heredadas del siglo XX para manejar la intermitencia solar y eólica. Expertos coinciden: el problema radica en la planificación. “Integrar almacenamiento desde la fase de diseño de parques es estándar en Europa y EE.UU., pero en Latam recién despegamos”, explica Varela.
Las soluciones ganan tracción.
Aggreko anunció una inversión de US$216 millones en 2026 para desplegar baterías y solar híbrida, enfocada en sectores como minería, oil & gas y soluciones hídricas en Costa Rica, que ya opera con 99% de renovables pero sufre sequías recurrentes. Brasil y Chile lideran con subastas específicas para BESS: el primero busca 3 GW de almacenamiento para 2027, mientras el segundo ya licitó 500 MW en 2025. Hibridación con gas natural y refuerzos en transmisión, como el corredor bioceánico, complementan el arsenal. En México, reformas recientes priorizan baterías en nuevos proyectos solares del norte.
La oportunidad es histórica. Con la electrificación vehicular y data centers demandando teravatios-hora extras, Latinoamérica podría no solo mitigar vertimientos, sino exportar energía limpia vía interconexiones regionales. Si se resuelve el curtailment, la región consolidaría su liderazgo global en renovables a bajo costo, atrayendo billones en inversiones verdes. Pero el reloj corre: sin acción coordinada entre gobiernos, reguladores y privados, el desperdicio podría escalar al 15% regional en 2027, socavando la credibilidad climática de la región. La transición no es solo instalar paneles; es modernizar el sistema entero para que la energía limpia fluya sin gota perdida.